
Otra experiencia en motel fue junto a Chequera Loca y dos putas del L’Privade en el motel Palo Rosa de Iquique. Chequera Loca era un contador de un local comercial de la Zofri. Siempre invitaba con cheques. Su firma era una raya horizontal con alguna desviación a la izquierda -¿desviado chequera? mmmmmmmm-. Cuando se curaba le costaba firmar, así que uno debía hacerle los cheques. Esa noche, tras media docena de shop en el Liko’s, subimos al L’Privade -en Iquique un tiempo estuvo de modo eso de los apóstrofes gringos a los locales-, en este tiempo una de los mejores topless de Iquique. Arriba Chequera Loca –que usa anillos de oro en la mano- de inmediato dirigió el tránsito. Tres niñas para acá. A mí me tocó una rubia, delgada, con cara de dura, de Santiago, según dijo. Sus respetivos atraques y masajeos de canoa. Chequera dijo que se iba con dos, y como mi niña no se quería quedar sola, también la invitó. Obvio que aperré. Pidió una pieza con Jacussi. Y claro: Chequera como pagaba se quedó con la cama King. Yo al Jacussi, que más bien era una tina grande donde con suerte cabíamos dos y al lado estaba el Water. La flaca se metió primero y care palo, me dijo que se iba a relajar. Fresca la puta. No me iba quedar viendo las cachas de Chequera Loca. No. Me metí no más y ábrete de patas, que hay un cheque de por medio. Y si no tiene fondos, me dijo. Dale nomás, debe tener fondos sino pregúntales a tus amigas. Al hombre se lo hacían chupetes. Si lo conozco a él, viene seguido para acá. Iba día por medio. La puta ni se movió y la lagartija buscó su hueco. Quería cobrarme por la segunda. Yo le dije que tenía dos lucas para el colectivo.
Meses después, Chequera Loca calló preso por fraude.